Recuerdo que hace un par de años atrás me encontraba tomando un bus, repleto de personas en plena hora pico, llevaba dos maletas pesadas y una sombrilla y me dirigía a un lugar donde me esperaba un potencial cliente que se mostraba interesado en hacer un pedido grande.


Sobra decir que el viaje fue tortuoso, alrededor de 1 hora y media en un trayecto que suele durar apenas 45 minutos, un calor infernal y un grupo de personas apretujadas, poco sociables y poco atentas.


Finalmente al llegar tuve que caminar varias calles, me perdí, cruce por un camino donde varios individuos con aspecto nada confiable comenzaron a seguirme, así que tuve que pasar un buen rato dentro de una tienda hasta que se marcharon. Finalmente retomé mi camino, llegué hasta la casa del futuro comprador quien me recibió con las siguientes palabras: “John, mi hermano, que pena con usted, voy de salida. ¿Lo podemos dejar para otro día?”


Creo, perdonaran mi falta de memoria, que es un dicho japonés el que refiere lo siguiente “Solo quien ha sido un buen empleado puede llegar a ser un buen jefe”. En nuestro caso no difiere mucho de la realidad, solo si te has expuesto al día a día puedes conocer de primera mano los sentimientos que puede experimentar alguno de tus socios en el proyecto en el que estés participando.


Solo quien ha sido rechazado por potenciales clientes una y otra vez sabe lo que es tener el corazón roto, solo quien ha caminado calles y calles conoce lo que es sentirse agotado y lo que significa desear botar la toalla.


Mario Hernández, exitosísimo empresario Colombiano decía que para lograr el éxito es necesario “untarse de trabajo”, sin atajos ni facilismos. Si deseas formar un equipo de trabajo sólido, como líder debes ayudar a otros en el proceso hacia el logro de sus metas personales tanto como las grupales y para ello una genuina empatía logra resultados extraordinarios, lo cual puedes lograr si eres tu quien está de primero en la fila  cuando se requiere de trabajo, compromiso y dedicación.


Para obtener algo debes sacrificar algo, para que alguien te siga debes emprender primero tú la marcha,  para que se queden a tu lado y confíen en ti  debes confiar tú en los demás. Difícil, si, tal vez, depende de cómo lo mires, pero ciertamente todo aquello que vale la pena requiere de valentía, sin riesgo no hay victoria.


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