¿Cuantas ocasiones pueden contar en las que han intentado e intentado e intentado cumplir un objetivo o alcanzar una meta y estas se quedan en tan solo buenos deseos y tiempo perdido? Si algunos de ustedes ya perdieron la cuenta, no se preocupen, nos ha pasado a todos.


¿Dónde está, pues, la respuesta? ¿Qué tan cierto es aquello que unos nacieron con estrella y otros estrellados?


Después de muchos intentos, intentos e intentos aprendía algo: Lo mejor es dejar de intentar y comenzar a hacer.


Voy a repetirlo de nuevo: Lo mejor es dejar de intentar y comenzar a hacer ¿? Si, yo también hice esa misma cara: “Pero, ¿acaso no es lo mismo?, ¿para hacer no hay que intentarlo? Verán, la conclusión a la cual llegue es la siguiente:


Al pensar en empezar por intentar hacer las cosas automáticamente la mente nos abre un paraguas, de antemano estamos preparando la respuesta y el futuro consuelo, el cual más o menos dice “al menos lo intenté”.


El actuar sin convicción nos lleva a ser como una hoja al viento, sin dirección alguna, sujeta a los caprichos del tiempo, así pues, el tener una meta fija, un plan concreto y un tiempo establecido y un proyecto definido nos va a llevar a lograr las metas que nos propongamos, esto es debido a que si hemos realizado un plan concienzudo estamos en proceso ejecutorio, en camino, en dirección hacia algo, completamente convencidos, de manera que cualquier obstáculo en el camino se convierte en un aliciente y no en una razón para abandonar ¿me siguen?


Así pues, surge la pregunta: Entonces ¿Cómo sé que la meta que persigo vale la pena?, bueno, la biblia nos da una guía sobre esto, en Filipenses 4:8 “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.


De tal manera que la acción lleva a resultados, no los intentos, así como un brillante ejemplo que alguna vez presencié, si quieres beber un trago de agua que está en una botella, debes tomar la botella y beber, no simplemente quedarte en intentar tomar la botella.


¿Complicado? No, en apariencia tal vez, pero ya conociendo como deben ser tus metas y cuáles de ellas merecen ser alcanzadas, lo demás depende de cuan fuerte, constante y decididamente hagas las cosas. Si en este punto aún sientes desconfianza, te doy otra recomendación, quizá lo que necesitas lo encontraras en Santiago 4:13 – 16.


Ahora ya sabes del Porque Para Hacer Hay Que Dejar De Intentar. Feliz día a todos.


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