Escribo este artículo inspirada en todos los directivos, gerentes, ejecutivos y políticos que he asesorado las últimas semanas, a quienes les dedico el contenido del mismo.

“No tengo tiempo” es la frase que en repetidas ocasiones escucho durante las asesorías en imagen que he impartido últimamente.

Este argumento de justificación lo he escuchado a lo largo del tiempo que llevo en la consultoría en imagen tanto pública como profesional. Con esto confirmo que cada vez es más común que el tiempo domina al hombre y no al revés.

Tiempo, es básicamente sinónimo de vida. Es un recurso que no se almacena ni se reemplaza, no se sustituye ni se puede dejar de consumir. Y al final del día, genera un estado de tensión o de felicidad en cada uno de nosotros.

Lo curioso es que, cuando se trata de dedicarle un espacio a nuestra persona la justificación número uno es el tiempo. Pero lo más impactante es que la frase ‘no tengo tiempo’ parecería ir acompañada de un: ¿Qué no entiendes? Tengo cosas más importantes por hacer antes que preocuparme por mi persona.

Bastante incongruente, por cierto, si partimos del hecho que la principal herramienta que tenemos en todos los ámbitos, es nuestra persona. No es ni siquiera tu computadora o tu blackberry. El producto más exitoso que tenemos es nuestra persona, empero e irónicamente es a la que dejamos, en muchos casos, en el último lugar.

Esto nos lleva a analizar las tendencias del siglo XXI. De acuerdo a una investigación del FWI (Families and Work Institute) se detectó que: el 61% de los entrevistados anteponen el trabajo antes que su vida personal y familiar, un 7% pone a la familia antes que el trabajo, y el 32% restante indicó que le daba la misma prioridad al trabajo que a su vida personal y familiar.
Te pregunto, ¿a qué grupo perteneces? Porque de acuerdo a mis observaciones, la gran mayoría de mis clientes, anteponen el trabajo u otras prioridades, antes que a su persona.

Y me pregunto, ¿cómo vamos a mejorar la imagen?, ¿cómo se pueden fomentar hábitos positivos, si todo gira en torno al trabajo?, ¿de dónde sacaremos el espacio para mejorar nuestra alimentación, guardarropa, piel, condición física, salud, bienestar y felicidad si no tenemos tiempo?

El secreto de proyectar una buena imagen está en generar un estilo de vida equilibrado. Esto es lo que en realidad nos lleva al éxito. Me parece que el ‘no tengo tiempo’ más que una justificación pareciera una decisión de vida en la que no nos queremos dar cuenta de que todo sigue, es dinámico y se mueve. Y con éste, el paso del tiempo.

Por lo tanto, reflexionemos cómo organizamos nuestro tiempo, cuáles son nuestras prioridades y qué estamos realmente dispuestos a hacer para ver cambios. Para cuidar el templo más sagrado que existe, nuestra persona, nuestro cuerpo, nuestra imagen.

La escasez del tiempo es el argumento más utilizado en el siglo XXI para no hacer, no aprender, no viajar, no conocer, no dialogar, no participar, etc. Cuidado, seamos congruentes y comprometidos. Todo esto es factible con decisión, organización, disciplina y mucha consistencia.

La regla número uno para lograrlo es establecer claramente nuestras prioridades, no olvidemos el verdadero propósito de vivir, define claramente qué es importante para ti. Elabora tu plan de vida, visualiza qué y cómo quieres lograr tus metas. ¿Eres dueño de tu tiempo, o el tiempo es dueño de tu vida?

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